"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"

"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"
S. Choabert

viernes, 8 de julio de 2016

Percepción


La primera palabra se hizo notar en presencia de la proeza insólita del viejo sueño: el perfil de unos labios tiernos y la silueta de una piel fresca. Sin meditación, pensé en el blog arrinconado y cómo perdí todo lo absorbido de las lecturas. No fue suficiente para participar de este regalo comunitario en que las palabras se examinan, se juzgan, sopesando cambiar ideas por promesas o juramentos impávidos. Las siguientes palabras que vinieron a decirse nacieron de una noticia radiofónica. Entonces eché de menos este quehacer, como la tarea doméstica básica que cuenta como necesaria y trastoca los planes del fin de semana. Y las palabras habladas parlotearon de algún modo entre sí, bajo un alivio para que no se quemen las ideas. Hasta que el carácter inquieto y curioso de los términos calan como una agradable colonia aunque no dicen para qué, solo para descubrir la delicia de la sensibilidad.



Ahora le obliga a que la mire,
para que vea lo que es suyo
y lo que luego ha de perder
cuando se aparte de sus ojos.


José Agustín Goytisolo

sábado, 31 de octubre de 2015

"Aunque tu no lo sepas"



Así, deletreando y pronunciando lentamente cada una de las ideas que pueblan el escritorio revuelto y desordenado del oloroso bulbo de ajo que perfuma y da sabor a mi imaginación, hago una pausa en la lectura estética de emociones e imágenes de viejos sueños. Haciendo uso de un marcapáginas que fija en qué punto descansa la interpretación de tus notas como los grandes animales silvícolas que luchan por su supervivencia, regreso con facilidad a los deseos de tus ojos de genio. Así abro la cremallera del punto de lectura como la señal trasnochada de una fantasía que devora con ahínco el hueco hasta destapar los dedos señalando el punto exacto de aquellos encuentros. Brotes verdes aparecen entre holandesas escritas con besos de tus labios dejando una pista clara hasta el dormitorio. Y de repente, entre los pliegos de la ilusión aparece un esquinero con forma de corazón. El punto exacto donde quedó detenido la lectura de aquella secuencia: la existencia que has reproducido en todos mis deseos y que tú no conoces. Con chapines de rubíes de la Bruja del Este te paseo por mi ensueño mientras caminamos, te acaricio, acotamos el texto para escribir mensajes breves hasta relacionar ambas vidas: verdad e ilusión.


También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Luis García Montero 

lunes, 19 de octubre de 2015

Último paseo


Las nubes grises pasaban con rapidez y rodaban al son del viento que arrastraba hojas y ramas. ¿Cómo quedarse en casa y perderse este espectáculo? La lluvia da una tregua y la tarde abarranca la nubosidad en un acantilado de nimboestrato. Salió tan apresurada de casa que olvidó el paraguas. Por la calle pocas personas airean su alegría mientras varillas de luz que se escapan de las nubes, iluminan los pasos a seguir. Terminada la acera adoquinada, el campo majestuoso teje todos los sentimientos que cualquier paseante reservado desea liberar. Ahora toca subir un camino zigzagueando entre peñas, encinas, alcornoques, malezas y zarzales. Totalmente despreocupada de su entorno, sin que los ojos busquen nada especial, mantiene sus pasos decididos hacia la ermita que abre sus puertas a la panorámica de toda la ciudad.  Y en lo alto de una peña, habiéndola oteado a lo lejos, allí estaba él. Un hombre desnudo con la cabeza cubierta por un pasamontañas esperaba que ella se acercara, mientras se manoseaba y acariciaba rijosa y obscenamente. La única opción que barajó fue dar media vuelta y caminar a paso largo...

lunes, 12 de octubre de 2015

Plástico

M F

El chicle continuaba en tu boca rumiando el viejo desafío. Te encontraron tumbado en un banco, cerca de la farmacia de la esquina, frente al bar de Paco. Tu ropa estaba muy deteriorada, completamente rota, el paso de la frontera dejó huellas en tu piel. Cortaron el tráfico de la calle e inmediatamente vi como te fotografiaban para descubrir con precisión el modo en que ocurrió todo aquel suceso. El juez fue el último en descorrer el plástico donde te refugiaron de miradas indiscretas. Toda la pena, aflicción, tus rozaduras y arañazos se mezclaban con tus labios, mientras asomaban besos ribeteados que adornaban un antiguo cariño. Tu esquela la encontré en un rincón del periódico: con el timbre de tu voz como una glosa de contable, el semblante incompleto y la cintura de bruma cálida.


A veces, 
en tu cuerpo, 
morir no es un error.

José Antonio Padilla

sábado, 3 de octubre de 2015

Reservado


Comenzó de repente, apartando hasta vaciar todos los objetos de la antigua habitación. Necesitó un pequeño cuarto aledaño para instalar la maquinaria refrigeradora que mantendría la estancia helada, a muy baja temperatura. Apretó el pulsador On y poco a poco, las paredes se cubrieron de un brillo blanquecino, intensificado ante el vaho de su respiración. Del techo, perdían el equilibrio pequeñas gotas de agua mezcladas con polvo que al besar el suelo se congelaban, transformándose en sedosa nieve. Había llegado el momento de imposibilitar la opción "velar el empeño de los proyectos y antojos" que guardaba en una faltriquera, disfrutando de ese reservado helado donde el frío y la humedad mantenían su mente despierta. Ahora tocaba subir el nivel de adrenalina y cortisol de su estómago, tensar los músculos y mantener el rebato sin peligro inminente. Desde el principio se propuso enroscar, a modo de moño, cuatro palabras claves con la que coronar para la puerta de su alcoba aterida: estupefaciente, masaje, pescador y libro de estampa.


Ocho señales

Prohibido guardar deseos en el bolsillo.
Prohibido clavar mariposas en el corcho.
Se permite tararear en clase, en la oficina, en la iglesia.
Se permite patalear cuando no guste la función.
Prohibido contar estrellas mirando al techo de tu casa.
Prohibido hacer caso a los que leen las líneas de la mano.
Se permite cambiar los sentimientos a diario.
Se permite desear, acariciar, desaparecer.

Juan de Dios García

lunes, 28 de septiembre de 2015

"La actividad del ala aguarde"


Ahora que el otoño empieza a trasnochar, las hojas doradas se abalanzan y chocan en mi cara siguiendo el abandono del viejo candil. Cediendo la resistencia al descontrolado calor de la calle, algo conserva la hoja de ruta del nuevo tiempo: sin llegar a sentirlo, el relente de las horas mas oscuras aterriza siempre lento entre nuevos caracteres escritos en línea recta. Es difícil no volver a las letras y símbolos de siempre, pero la fuerza de las palabras se deletrean en los árboles semidesnudos que el amarillento entretiempo menudea con sus pinceladas. Aquí estoy, a deshora, aspirando a rellenar en estas rayas, una ristra trenzada de palabras con las que manifestar mi deseo laborioso y tenaz de recoger las hojas caídas y tejer sinuosas elevaciones en este relieve repleto de curvas, elevaciones y depresiones.


La vida se escribe con la savia de los árboles.
La muerte se lee en su hojas amarillentas.
José Miguel Millán

domingo, 21 de junio de 2015

Sentados alrededor del tambor


Al llegar al pueblo, lo primero que hizo fue tocar la gran calabaza que colgaba del viejo árbol de la plaza, estaba en casa. "Al final sólo quedarán los que quepan sentados alrededor de un tambor". Debajo de la calabaza, cada momento tiene su lugar y, en aquel sitio, los tambores de bienvenida retumban con mucha fuerza, animando las emociones y ordenando los movimientos. El "pon, porrón, porrom" ensordece los pensamientos, logrando un efecto inconfundible: la llamada a la felicidad alcanza el fruto sanador que tanto desea. Desde bien pequeña había tenido la necesidad de verse a sí misma reflejada en las personas con las que convivía, hasta descubrir cómo pasaban los días mientras su cuerpo, poco a poco, se estiraba. Hoy la memoria dio vueltas alrededor del árbol al tiempo que las baquetas repicaban al compás de cada vibración.