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El chicle continuaba en tu boca rumiando el viejo desafío. Te encontraron tumbado en un banco, cerca de la farmacia de la esquina, frente al bar de Paco. Tu ropa estaba muy deteriorada, completamente rota, el paso de la frontera dejó huellas en tu piel. Cortaron el tráfico de la calle e inmediatamente vi como te fotografiaban para descubrir con precisión el modo en que ocurrió todo aquel suceso. El juez fue el último en descorrer el plástico donde te refugiaron de miradas indiscretas. Toda la pena, aflicción, tus rozaduras y arañazos se mezclaban con tus labios, mientras asomaban besos ribeteados que adornaban un antiguo cariño. Tu esquela la encontré en un rincón del periódico: con el timbre de tu voz como una glosa de contable, el semblante incompleto y la cintura de bruma cálida.
A veces,
en tu cuerpo,
morir no es un error.
José Antonio Padilla
Morir de amor.
ResponderEliminarAl menos, de esa muerte, se enteró la gente...
ResponderEliminarBesos y salud
De cómo una muerte necesita también resguardo ante la mirada atolondrada y poco comprensiva de la vida común.
ResponderEliminarDe esta muerte fueron testigos, eso queda impreso en la memoria y con suerte en el corazón.
ResponderEliminarBesos.
A LAS MUY BUENAS NOITES, MESTRA!!! Tremendo relato: lo he asociado al drama de los refugiados, aunque se haya personalizado en uno de los muchísimos casos que habrá de alguien que muere con sus seres más queridos lejos.
ResponderEliminarUn besazo!!!
Resistir o morir
ResponderEliminarSeguro que tuvo mejores fotos en su vida.
ResponderEliminarBesos.
Rápidas pinceladas después de hecho directo y sangriento.
ResponderEliminarSaludos. No sabe cuanto gusto es volver aquì.
No hay muerte natural: nada de lo que sucede al hombre es natural puesto que su sola presencia pone en cuestión al mundo. La muerte es un accidente, y aun si los hombres la conocen y la aceptan, es una violencia indebida.
ResponderEliminarSimone de Beauvoir
Besos Esi.
Estamos rodeados de plástico: el plástico que atraganta a las aves marinas, el plástico de los cajeros automáticos y como bien dice Valaf, el que abriga por última vez a los que trabajan lejos de los suyos en un mar de plástico, cultivando tomates de plástico y masticando chicle amargo y atragándose con él. Como las aves migratorias.
ResponderEliminarUn abrazo, Esil.
Me alegro de que al menos hubiese un antiguo cariño....muy inspirada estás, te lo aseguro....un abrazo
ResponderEliminarsiempre un placer volver a anidar en tu ingenio, morir de amor es una buena premisa.
ResponderEliminarEpitafios escritos con silencios sobre el frío plástico de la ignominia del anonimato.
ResponderEliminarBss
LINDO, LINDISIMO!!!
ResponderEliminarABRAZOS
Y la conciencia, también de plástico, de aquellos que pudiendo dar solución al problema, lo demoran eternamente, porque, seguramente, desconocen lo que significa la palabra amor.
ResponderEliminarUn abrazo.