Leo a Cortázar para pensar en ti. No tengo claro cuanto deseo besarte para fantasear con tus labios y tus manos o bien imaginarte para ambicionar lo que pretendo, perfumar tu ropa con esta atracción. Mientras tanto precinto y sobrellavo por mandato judicial la gama de fotografías que conservo de ti en todos los lugares que compartimos. Hasta que llegan las puntualizaciones de tus besos: esos toques de tus labios en mi oreja eran la pincelada ligera que hacían originar un filón de sensaciones en la nuca hasta descender por la columna vertebral. Al rozar tus dedos en mis piernas, el frescor captado se identificaba con la humedad que se introduce por las ventanas al abrirlas de par en par en una noche de octubre. Las delicadas palmadas humeantes entregadas a mi carne para sentar producían la delicia inmortal como la parte más espiritual de mi cuerpo. Este día de Rayuela aspiro el recuerdo de tu efigie para disfrutar de tus besos, junto al terso recorrido de mis dedos por tu espalda con el que terminar la ruta en el bolsillo de tus pantalones del chándal.
"Para terminar la ruta en el bolsillo del chándal donde busco un paquete...con dinero" :))
Mª J. de P.






