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Composición IX, Wassily Kandinsky
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Quedamos en la puerta de la Biblioteca que está por inaugurar, donde el césped tiene una altura de 60 cm y resulta complicado acceder al banco más cercano. Frente al mar verde, calmado y libre del parterre sin cuidar te espero mientras busco un bolígrafo en mi bolso. Cerca de allí, el río canalizado y desnudo de chopos y eucaliptus, deja ver con más claridad las pequeñas islas que lo aderezan y entonces te encuentro nadando delante de mí. La atalaya de tu pelo pegado a la cabeza dirigía mis brazos hacia el anillo del atolón más próximo. Cómo olvidar el mes de julio donde nos escribíamos y dibujábamos en los brazos con un bic azul mensajes de amor. Tu primer dibujo un huevo frito y un principio: "La energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma". Los párpados azules suspendidos sobre mí han traído algo de tu alma y cuerpo, hace tiempo que no sé nada de ti. Encuentro un bolígrafo pero no tiene tinta, miro la bolita que tiene en la punta y no tiene color, escribo en la palma de mi mano pero las letras se niegan a suscribir la presión de mis dedos y la necesidad de componer la galerada. Te espero en este banco en el que los rayos catódicos desvirtúan los grandes peñascos donde al anochecer anidan los pájaros.






