Agustín Lara
De todas las cicatrices que marcaban el torso y los brazos, el estigma que dejó en su cara la herida de un affaire con alguna de las abundantes mujeres que pasaron por su vida, le acomplejó durante el resto de los años. Nunca quedó claro si la herida había sido causada por un proxeneta o por una dama enfurecida. Ese distintivo comportó la encarnación del tiempo de experiencias pretéritas, ocurrido con anterioridad al presente y a la vez, se considera el umbral de la divisa novelera en cuanto a su persona. Mientras tanto su música sonaba en todos los espacios y recintos públicos y noctívagos. Después de varios divorcios, una noche de Reyes compuso sobre la tapa de una caja de zapatos Mujer: "Mujer, mujer divina, tienes el veneno que fascina en tu mirar. Mujer alabastrina, tienes vibración de sonatina pasional, tienes el perfume de un naranjo en flor, el altivo porte de una majestad. sabes de los filtros que hay en el amor, tienes el hechizo de la liviandad. La divina magia de un atardecer, y la maravilla de la inspiración.Tienes en el ritmo de tu ser, todo el palpitar de una canción. eres la razón de mi existir, mujer". Al mismo tiempo que escribía esta canción con la mano derecha, su mano izquierda concebía el movimiento de los dedos deslizandose sobre las teclas de un piano y sus pies fijaban el ritmo de la partitura. En sus canciones debía concentrar en tres minutos toda su poesía, las caricias y el atractivo misterio que causaba en las féminas, comprometiendose a volver a transformar el bolero, ciñendo el cerco y el destinatario de sus Noches de Ronda, la mujer común. Su vida transcurrió bebiendo de copas llenas de champaña con el dedo meñique en alto, haciendo de su médula la afectación y el melindre en su falta de naturalidad al tocar el amor y la pasión.




