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| Mike Kelley |
Con los pies entumecidos y la cabeza dorada por el brillo de las cuentecillas de colores que colgaban del paseo, el curandero saboteador apretó los botones de su abrigo deslucido y acto seguido extendió las cuartillas dobladas comenzando la lectura de sus versos. Sin dinero contante en los bolsillos, el curalotodo circunstancial ofrecía regalos a los viandantes como un medio mercantilista en tono de poemas personalizados. Básicamente, bajo la supuesta esclavitud de las emociones, los paseantes se detenían a escuchar los secretos alquímicos del embrujo que las palabras rimadas desprendían. Por cada diez segundos que empleaba en observar a la musa inspiradora de poesía establecía una deuda de diez segundos de amor con su espectador, difícil de trasladar y descifrar en números dígitos. Y así, el poeta incoaba a modo de inicio de un trámite: "Ahora es el momento de hacer lo que más quieres. No esperes al lunes, ni esperes a mañana. Que no aumente en ti la caravana de sueños pisoteados. Ya no esperes".
Si el rumbo que una vez has elegido
palpita como un fuego esperanzado,
no dejes que se apague en el olvido.
E. J. Malinowski.





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