El abril de mi vida me ha abandonado en marzo. Un mal descubrimiento cuando el cálamo de las plumas vivas me desnuda por ser incapaz de dirigir el vuelo después de prescribirme un antiinflamatorio, calor y movimientos suaves. Tampoco me consuelo con los cumplidos y otras lindezas de los bienintencionados que caen bajo mis garras y oídos. Llegado a los lumbares no conviene perderse en los grandes viajes de culo de vaso con mal asiento. Y así, "jugando al escondite en el bosque anocheció". Contengo la pataleta ante la ojeada sigilosa de los álabes impulsados por el dolor, solo que de los días se desprenden poco a poco las zanjas de las tuberías a todo gas, pasando cerca de tus pensamientos que rehuyen.
Es tarde para la rosa;
Es pronto para el invierno.
Mi hora no está en el
reloj.
Me quedé fuera del tiempo.
Tarde, pronto, ayer
perdido.
Mañana inlogrado, incierto hoy.
Medida que no pueden fijar,
sujetar un beso.
Dulce María Loynaz
(mi primera lumbalgia, jaja).






