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| Man Ray |
Antes de firmar leyó el tipo de contrato que tenía entre las manos, por tiempo indeterminado con período de prueba y, a continuación escuchó: "con el único fin de verificar que cumples con los
requisitos y conocimientos necesarios para desarrollar el trabajo que se precisa". Sus funciones eran claras: debía registrar en distintas notas clasificando los pedidos de los clientes así como agruparlos y ordenarlos. Agrupar las facturas por días y semanas, catalogandolas y discriminándolas por producto. Contar los productos vendidos por días y semanas. Realizar una lista de los productos más vendidos durante el día y las semanas, elaborando una estadística con los productos más vendidos. Las palabras de bienvenida de su jefe fueron claras, "La idea consiste en saber transmitir a todos que eres el responsable de
lo que suceda aquí; solo que hay personas que son más responsables que
tú. Y en cualquier caso, debes asumir la idea de intentar solucionar
de alguna manera el problema". Y ahora, una vez más tocaba sobrevivir y albergar el mensaje de valía con la capacidad suficiente de afrontar el reto y las consecuencias de sus hechos. Con puntas de sal propaga los ajustes precisos para desarrollar sus habilidades buscando despegar, afianzando con que iniciar su progreso. Las dudas se asientan en los primeras filas de la sala y entonces, solo rastreas el modo de despachar a los clientes con simpatía, administrando los tratamientos de cortesía con todo aquel que se acerque a preguntar. Conocer de antemano qué se esperaba de ella añadía algún compromiso por su parte: puntualidad, evitar conflictos con los compañeros, implicarse en su tarea, alejando los tres males principales del trabajo: la apatía en el esfuerzo, el vicio y la mala costumbre de obrar incorrectamente y la obligación de ocuparse.





