"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"

"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"
S. Choabert

martes, 30 de diciembre de 2014

Escorpiones


Con cierta predisposición al amasijo hasta ovillarme, tiendo con sumo cuidado el tendel para igualar las hileras sobre las que asiento mis tobillos, con osadía, afrontando el reto. Con el pundonor en una montaña rusa y las uñas pintadas de mis pies, acaricio tus piernas con el desenvolvimiento de una medusa en aguas cálidas. Haciendo pie, tus ojos mantienen la mirada espasmódica en la base donde mis raíces fijan la órbita terrestre de las golondrinas de Bécquer. En esta danza de escorpiones, el aguijón proporciona un dulce veneno que somete y aplasta a nuestros pies desnudos en la unción de unos pasos cercanos, logrando entrelazarse en la última noche del año.
Que vuestros pies caldeen el suelo tierra adentro, aplacando el sendero hasta alcanzar el refugio montañero.

Feliz 2015

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz Noche


Como si tratara de remendar el carillón de este trasnochado campanario, hoy encuentro motivos para convocar palabras, sin ante díem, solo con la intención de hacer llegar cierto aroma de aprecio y respeto a todas las personas que timonean por estos océanos. Desde la altura de la espadaña, os traslado el flete de estas palabras que se deslizan con cuidado y mucho cariño a la tirilla del cuello de la camisa o a los nudos de las gargantas que los blogger gaviotas leen cuando planean. Dado que en esta torre de escaleras se alcanza a todos los refugios que une la amistad y el afecto, os deseo la mayor sensación de belleza perpetua que se capte a través de los sentidos, ya que el "polvo solo dura un tiempo". Que la inmensa mayoría de días tengan la disposición más adecuada de tonos y matices para iluminar el recorrido del camino cotidiano. Feliz Navidad para todas/os.

-mi deseo... ¡ay, ser un dragón! 
símbolo del poder del cielo- del tamaño
del gusano de seda o inmenso; invisible a veces.

Marianne Moore

viernes, 8 de agosto de 2014

"Respiro tu llegada"

Método Feldenkrais

Hagamos las paces, bastará con tu firma electrónica a modo de huella dactilar para revalidar con firmeza que la intención quedó atrapada y detenida en este misterio. No te pido un cambio de plumaje con la muda, tan solo que te acerques a la pared y te apoyes hasta reclinar el respaldo de tu asiento sobre mi deseo, pero sin cerrar la ventana obligando un efecto determinado. Después de tanto bregar, en ese azacanarse con solicitud congojosa, ¿de qué sirve un freemium de tus ofertas y ofrecimientos si me adeudas cosas que no imagino ni mucho menos, sospecho? Tú infieres conclusiones pero, en el fondo, ¿conoces todos los adornos del atavío de un caballo de feria que tu cuerpo clama como un vendedor de mercancías, cada vez que asoman tus caprichos? Desbarata toda la elocuencia trivio de los romanos, del que eres albacea y, ajusta su paso a la serena amistad, sin doblez al desnudo, hasta llegar al páramo de la avidez que nos reúne en este punto. No podemos vivir con la idea que nos tapamos y disimulamos en distintas embocaduras para lograr otras vibraciones hasta cambiar el sonido original, aunque sé que lo tuyo termina por desliar "la música perdida en  mí".

Eres el otro lado del botín.
¿Comprendes?
R. Cadenas

lunes, 28 de julio de 2014

"Masaje al corazón"


"Girl with a cat", de Balthus
"Me pagas con palabras". Su compromiso se escurrió por mi boca como un azucarillo con aguardiente, ésa era tu condición. Desplegada en la mesa de masajes, el espíritu etéreo de la vieja canción del verano se asentó en el lugar más disparatado de la dialéctica como un buque en una playa de Blangladesh, sobre las limaduras que desprende el desguazado de la embarcación. La sábana que cubría la camilla mediaba como una aspiradora capaz de atraer todos los aromas que mi  memoria es capaz de conservar. Sus manos guardaban la vacuna contra la desavenencia de la espalda, el cuello y los hombros, con movimientos largos y suaves logrando abrir y dispersar la caja de sensaciones que guarda la piel al contacto. Con sus tenacillas oleaginosas, se apoderaba de mis pesadillas y delirios, que se resisten a la suerte sin una finalidad determinada solo por el mero placer de sentir las huellas hasta transformar el efecto táctil de las vibrisas que esconden tus dedos por imágenes apalabradas. Abro los ojos y antes de levantarme de la mesa dejo de anotar palabras a modo de calambur. ¡No sé si tú tendrás algo que ver con ésto!

sábado, 19 de julio de 2014

Crema helada


Comiendo un helado a la sombra del sol seco, clavo la cuchara en la esponjosa densidad del dulce postre que habías colocado sobre la bandeja azul de la mesa. Lo como despacio, sentada en el suelo, con la claridad y seguridad de que lo habías dejado para mi, porque ¿qué puede hacer esta golosina fugaz y momentánea tan somera ante la dureza climatológica? permanecer creyendo. Me refocilo entre la frescura y la suavidad densa del rico contenido cremoso. Como un turista que se arrincona en una esquina para observar el ritmo de la misteriosa ciudad que visita, me quedo pensando que si alguien deja aguamiel en un ribete de la terraza es un campo de cruces para los caprichos sin razón. Y yo lo devoré sin remordimiento, sin conciencia de que habrías reservado para ti el caramelo arcano tan dulce y frío.


Te fuiste
y no alcancé
a terminar de amarte.

Ana María Vilchez

martes, 15 de julio de 2014

Despierta


Acudí a la primera fiesta del verano rodeada de peonías, lavandas, hostas y gauras, vergel que auguraba una grata velada. Lejos de estar en una isla desierta, la terraza atestada necesitaba a la gente para resplandecer ante las viviendas colindantes. Me acerqué a la mesa de las croquetas donde todas las sillas plegables y los sillones viejos estaban ocupados, optando por beber de pie apoyada en el photocoll Summertime. Y ahí fue como inesperadamente me encontré con una mano en mi trasero. Me giré para bramar desencajada sobre su cara cuando en ese momento otro chico se le abrazó gimoteando, llorando sin fuerza.  Pobre, es buena persona, pensé. Tal vez nuestros brazos necesitan ciertos espacios para poder dinamitar el dolor de los demás, proporcionando un conductor eléctrico como los hilos de cobre, por los que caminar sin zapatos. Poco a poco sentía arder las nalgas a la manera en que alguien apaga un cigarrillo en un cenicero. Reparé en mi rostro incandescente al acercarme a la puerta de cristales a la que progresivamente me iban empujando los demás, cuando esa misma mano me sujetó por la cintura para atraerme hacia un cuerpo compacto para salir en las fotos. Todo aquello me empezaba a molestar, sin darme cuenta me veía atrapada entre la multitud, por alguien que me sobaba y manejaba a su capricho. Como un revuelo de hojas secas, sus dedos hélices no dejaban de provocar una sensación de nerviosismo y cierta atracción en mi sima. Eché una mirada de reojo apoyada en las rayas oblicuas de mi vestido, intentando encubrir el trozo atrayente que mostraba aquel bocado. En medio de aquella locura, imitando una larga caminata nocturna, mis sandalias de cuña seguían a pie juntillas las piernas que me encaminaban a los sensaciones más triviales. Alguien me dijo al oído: bien, así es la cosa... espabila y termina el relato de una vez!!

Le planté la mano en el culo a él. Ahora lamento haberlo perdido así de golpe porque en su billetera sólo había 7.400 pesos de los viejos y más hubiera podido sacarle en un encuentro a solas. 
Luisa Valenzuela

jueves, 10 de julio de 2014

Este jueves Un relato: Reinas de grito

El Demiurgo de Hurlingham, en los relatos de los Jueves, propone editar y expresar sobre las Reinas del grito, víctimas de las películas de terror.

 Allí, en una confidencia, se congela la imagen de la chica rubia corriendo entre los árboles de un bosque en la noche más oscura y lluviosa. El guionista oculto creó un texto detallado donde las luces amarillas de la joven servirían como donante del amor callado e ignoto. El terror que desprende la chica jadea entre las malas hierbas que crecen en el boscaje para mantener viva la esperanza que precisa la pasión marcada en la carne fresca. El argumento de la película guarda lo peor de los días pasados: la protagonista nunca volverá a su casa, una vez cumplida su función, morirá. Sin preguntas ni dudas, sus órganos serán utilizados para calentar los brazos y piernas de sus beneficiarios humeantes. El siniestro hachero, con un hacha de abordaje, recorre tras las huellas recientes de la salpicadura del sudor juvenil, los pasos cautivos de la actriz. El pacto con el destino que ella acepta consiente que las sombras de la luna engullan lentamente su cuerpo hasta sentir la boca glacial de la intérprete.
La argumento adolecía de toda creatividad y originalidad que precisaba para atraer al espectador, después de trillar las calcadas secuencias de la cinta que tenía delante de sus ojos.