La madre del futuro parvulario entró en la escuela de infantil con la matrícula del curso inmediato en la mano. En varías ocasiones llamó por teléfono al centro, demandando información precisa sobre los plazos de inscripción. Su vestimenta discreta y armoniosa alumbró la estancia de la secretaría. El administrativo le atendió con diligencia mientras ella demandaba deliberadamente, ciertas cuestiones sobre el funcionamiento de la escuela. Durante el tiempo que se informaba, su cabeza giraba a ambos lados, examinando el personal que recorría los pasillos. Al salir se encaminó hacia los servicios. Antes de entrar en el baño se desvió tras la primera puerta que encontró a la derecha, penetrando en una clase de niños de 3 años vigilados por una auxiliar. La cuidadora no escuchó a la intrusa, logrando acercase a ella por la espalda hasta golpearla con una barra de hierro que guardaba en su bolso. Los pequeños continuaron jugando y entretenidos con sus juguetes sin advertir la llegada de la extraña mujer. Únicamente un crío que se dirigía hacia su seño respondió ante lo que estaba sucediendo. Se detuvo y con mucho sigilo alteró sus pasos hasta encaminarse al cuarto de baño. La boca abierta y silenciosa del niño delataba pánico y, sus ojos vidriosos mostraban el horror que sentía en ese instante. Instintivamente se alojó en una esquina de la gran bañera que presidía el lavabo. De repente se escucharon los gritos de los compañeros al ver a su tutora en el suelo y la singular respuesta del pequeño fue acurrucarse sintiendo el frío del acero esmaltado en su cara. La mujer remató su vileza escabulléndose, hasta esfumarse rápidamente por una de las puertas de emergencia del centro. La policía concluyó que la secuestradora no completó su plan puesto que no contaba con la astucia del pequeño para liberarse de semejante peligro.
"¿Quién no escribe una carta? ¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"
"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"
S. Choabert
domingo, 29 de junio de 2014
Sutileza infantil
La madre del futuro parvulario entró en la escuela de infantil con la matrícula del curso inmediato en la mano. En varías ocasiones llamó por teléfono al centro, demandando información precisa sobre los plazos de inscripción. Su vestimenta discreta y armoniosa alumbró la estancia de la secretaría. El administrativo le atendió con diligencia mientras ella demandaba deliberadamente, ciertas cuestiones sobre el funcionamiento de la escuela. Durante el tiempo que se informaba, su cabeza giraba a ambos lados, examinando el personal que recorría los pasillos. Al salir se encaminó hacia los servicios. Antes de entrar en el baño se desvió tras la primera puerta que encontró a la derecha, penetrando en una clase de niños de 3 años vigilados por una auxiliar. La cuidadora no escuchó a la intrusa, logrando acercase a ella por la espalda hasta golpearla con una barra de hierro que guardaba en su bolso. Los pequeños continuaron jugando y entretenidos con sus juguetes sin advertir la llegada de la extraña mujer. Únicamente un crío que se dirigía hacia su seño respondió ante lo que estaba sucediendo. Se detuvo y con mucho sigilo alteró sus pasos hasta encaminarse al cuarto de baño. La boca abierta y silenciosa del niño delataba pánico y, sus ojos vidriosos mostraban el horror que sentía en ese instante. Instintivamente se alojó en una esquina de la gran bañera que presidía el lavabo. De repente se escucharon los gritos de los compañeros al ver a su tutora en el suelo y la singular respuesta del pequeño fue acurrucarse sintiendo el frío del acero esmaltado en su cara. La mujer remató su vileza escabulléndose, hasta esfumarse rápidamente por una de las puertas de emergencia del centro. La policía concluyó que la secuestradora no completó su plan puesto que no contaba con la astucia del pequeño para liberarse de semejante peligro.
martes, 24 de junio de 2014
Convocatoria Juevera: Escenas de la playa
San nos invita a disfrutar de los sonidos de la playa, a olvidarnos de nosotros mismos y centrarnos en las conversaciones ajenas, en la vida de los demás... ahí va mi cotilleo.
Después de la purificación ante las hogueras de la noche de San Juan, el día prometía dar más fuerza al sol desde la orilla de la playa llena de ceniza de los Juanillos. Allí mismo, en el canto de los sueños lejanos, adormecida por el sol y la falta de fuerza que el crepúsculo había embebido durante la alborada, descansaba en una hamaca que había alquilado para tomar el sol. Entre esas cabezadas involuntarias, las voces en torno visitaban sus sueños silenciosamente. Y así escuchó: "-¿Qué hacemos con el amor? - Nada. Él hace todo lo que quiere con nosotras". Esas palabras interrumpieron la somnolencia, caminando por sus circuitos, aunque mantuvo los ojos cerrados. Continuó escuchando la voz delicada de dos mujeres, sin llegar a curiosear su aspecto, solo centrándose en lo que cada una compartía con su dialogadora. Inmediatamente llegaron risas, así como un callejón oscuro lleno de brisa dorada que completa un óleo animado y muy luminoso. Mientras poco a poco, los sacos del parapeto que las preservaban de los prejuicios fueron rasgándose hasta verter parte del convencionalismo, el tabú y la suspicacia que las sirenas de la noche evaporan en las aguas del puerto. Abrí un ojo al tiempo que sus labios se agitaban bajo las nubes azules.
miércoles, 11 de junio de 2014
Trapicheo
Se alargan los días donde los verbos cantan mientras el aire mantiene la quietud y, la única moneda de cambio se asienta en palabras que suben y bajan como bienes y servicios que avivan el comercio disponible. Desde los días abiertos en que buscaba utopías hasta hoy que solo considero vocablos amables que irradian calor como piedras luminosas, doy con frutos simbólicos que rebotan como sábalos extinguidos en un trueque intencionado. Pretendo palabras robustas con forma de humo con las que obtener versos a los que me engancho para colgarme de ellos dejando a un lado, "tanto tienes, tanto vales". En este trueque voy renovando ideas al tiempo que me nutro de ofertas de la mina de carbón que la oleada de pies de letras nobles perdura en el jardín de voces. Como dinero negro que circula sin techo, las palabras tienen un valor en sí mismas como un "dar y tomar", ofreciendo lo que cada literato posee y tomando lo que necesito para completar la caja de galletas.
domingo, 1 de junio de 2014
Aprecio
Las sorpresas calan como el brillo de un traje de lentejuelas y, así de resplandeciente me encontré cuando Juan Carlos me animó a escribir conjuntamente algún texto para coserlo al blog. Será así la auténtica amistad, aquella que se ofrece a cualquier persona con total desinterés, buscando solucionar algunos de los pequeños problemas de la otra persona, sin indagar en posibles respuestas a vacilaciones o perezas, pero siempre permaneciendo cerca de esa persona. Convidando con palabras, una mano o un hombro con el que unir esfuerzo, ilusión y afecto. Así de decidida me distinguí cuando Juan Carlos instó a hacer algo conjunto. Por tanto, me queda hacer lo que todo amigo establece: dar las gracias por tu disposición y cariño.
Cantó y celebró el triunfo por todo el terreno pero fue Victoria quien acudió al palco. Él quiso aclarar el malentendido, sin embargo fue ella quien lo hizo, explicando como ocurrieron los hechos que dieron lugar a la victoria triunfante que él pretendía celebrar. Las palabras de Victoria armaron un gran revuelo en el auditorio. De repente, su público juntó entre sí todas las piezas del discurso frente a la boca agrietada y los brazos cometas que él había blandido hasta armar toda la escena, a modo de rastro luminoso de un cometa que gira alrededor del Sol. Aquellos que en ese momento fueron conscientes de cómo habían sido superados por un tramposo vieron centellear esa V, que pasó de representar victoria a simbolizar una venganza ejecutada por Victoria.
lunes, 26 de mayo de 2014
Jardín de infancia
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| Jardín de las delicias, Jerónimo Bosco |
Ella era nativa del renuevo de las vides que los gusanos buscan con desenfreno y bacanal. Resultado de la crianza a base de pétalos que se mantienen unidos al ápice de su lengua materna, del símbolo del calor sofocante en verano. Desde bien pequeña sondeaba todo lo que le rodeaba: su ambiente, las circunstancias que condicionaban sus episodios, sus necesidades, mientras se agarraba fuertemente a la claridad que los adultos le ofrecían. Las dudas y el pánico se apresuraron en su biografía, la tarde que su hermano mayor huyó de su vida, abandonándola y dejándola sin valerse por sí misma. El mañana se quedó sin la oportunidad de contar sus intimidades ante la piedad del juez, con el pasmo en presencia de su insensibilidad. No logró alcanzar la línea de meta que le esperaba con su propia descendencia.
jueves, 1 de mayo de 2014
Ganga de la mena
Buscando cómo duplicar la realidad de los viejos guiños amoldada a las cerraduras de las palabras, te recorro y te asciendo entre saldos moderados. A modo de altavoces, imagino los visajes de los enunciados donde la verdadera movilidad de los vocablos repasa en voz de grito vocinglero tus anillos leñosos que cuentan sin parar. Así me encuentro con fechas a las que resulta imposible silenciar y de repente comienzan a delatar sus maniobras. En esta desproporción, la noche concede a ojos y oídos, el alma yacimiento que vive confesa al delicioso repertorio que el amante vive al descubierto, en las afueras de la misma profundidad donde se advierten las pulsaciones que guardan las yemas de los dedos. La catequización instintiva de tus recuerdos me iniciaron a beber en diferentes fuentes y a considerar que cualquier diseño de atracción o propensión hacia otra persona acarrea ciertos residuos en el bote.
domingo, 13 de abril de 2014
Cambio por...
Alquiló el almacén por un tiempo prudente. No contradijo a la satisfacción de disfrutar de lo que más deseaba: aflojarse y distenderse. El ofrecimiento implicaba descuidar en el frigorífico el rigor de las desdichas, así como aceptar la ablución sin la misa y fuera del baño ritual del Mikvé. En un pañuelo de papel autorizó la acogida de la alborada para unirse al rumor del agua, a la luz desbordante que sobrepasa la velocidad máxima permitida. Y mientras, en la cuna de red para pescado de cumade, su cuerpo se dejaba arrullar por la claridad de ideas hasta esconder las ojeras desveladoras que provienen del escozor que el tacto áspero del constante de los días abandona. No se enfrentó a la ilusión del trance, de madrugada ya no sujetaría la negada ilusión, solo necesitaba ceder un alias, un receptor y unas palabras para mantener la ficción del ensueño en otras utopías.
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