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| Gerhard Richter |
El final de agosto, desde hace años, se repite asiduamente sin necesidad de aligerar el paso, tan solo necesito descansar los pies sobre un cojín para que la ceremonia comience. De cualquier modo me siento atrapada por el calor húmedo de las palabras que escucho de tus manos hasta alcanzar el vapor que sale de tu existencia muelle y disipada. A modo de una gota de plata, abro los ojos y veo las barbas de pluma blanca y ligera en el techo como esquifes para escapar a tierra firme. Y tus manos continúan sirviendo en bandeja, copas de aloque con fresas y moras. Los últimos días de este mes hago mi agosto como una concesión gratuita a las noches que nos acurrucamos sobre una alfombra Kilim de Anatolia.
me pesa la cabeza
tengo las rodillas destrozadas
y todo cubierto de barro
avanzo a trompicones hacia tu luz que se enciende y se apaga.
Nazim Hikmet








