Participando de ambas, el tintín de la desdicha y la satisfacción arreglan los últimos años de su propio rapto idealista, dando cuenta de los días consumidos ante sus ojos. Sus 93 años equivalen a dejadez de todo lo que sobreviene alrededor de sus alas hasta cortarlas, añadiendo dificultades al plazo de vencimiento. Sin apartarse de sus costumbres, todos los días son días contados. Repite los mismos pasos en sus etapas de avance donde su casa y su calle comprenden el coto de su vida. Cansada, los momentos se agotan poco a poco pero no consigue tragarse el más absurdo de los disparates, auxilio de su razón. Aunque aún cuida con mucho miramiento, el atrevimiento para afrontar retos con los que paladear la calidad de todo lo que alimenta el corazón. Singular espacio de inquietud y fresco entusiasmo con el que rompe la cadena de hábitos dependientes. Admite toda clase de visitas, solo que somos pocos los que encontramos un intermedio para acordarnos de ella y saludarle."Y no sospechará que hubo una tarde en la que fue dictándome un poema"*.
* Víctor Botas






