San nos invita a disfrutar de los sonidos de la playa, a olvidarnos de nosotros mismos y centrarnos en las conversaciones ajenas, en la vida de los demás... ahí va mi cotilleo.
Después de la purificación ante las hogueras de la noche de San Juan, el día prometía dar más fuerza al sol desde la orilla de la playa llena de ceniza de los Juanillos. Allí mismo, en el canto de los sueños lejanos, adormecida por el sol y la falta de fuerza que el crepúsculo había embebido durante la alborada, descansaba en una hamaca que había alquilado para tomar el sol. Entre esas cabezadas involuntarias, las voces en torno visitaban sus sueños silenciosamente. Y así escuchó: "-¿Qué hacemos con el amor? - Nada. Él hace todo lo que quiere con nosotras". Esas palabras interrumpieron la somnolencia, caminando por sus circuitos, aunque mantuvo los ojos cerrados. Continuó escuchando la voz delicada de dos mujeres, sin llegar a curiosear su aspecto, solo centrándose en lo que cada una compartía con su dialogadora. Inmediatamente llegaron risas, así como un callejón oscuro lleno de brisa dorada que completa un óleo animado y muy luminoso. Mientras poco a poco, los sacos del parapeto que las preservaban de los prejuicios fueron rasgándose hasta verter parte del convencionalismo, el tabú y la suspicacia que las sirenas de la noche evaporan en las aguas del puerto. Abrí un ojo al tiempo que sus labios se agitaban bajo las nubes azules.





