Una
fantasía blanca
y
carmesí. El pinar blando
prende
el verdor goteante
de
un oro granate y mágico.
La
aurora viene de frente,
las
alondras sonrojando;
del
ancho de todo el monte,
entra
el mar un viento claro
Juan Ramón Jiménez
Y ya que las ideas se suceden al aparecer la luz de la jornada, las creencias generalizadas a detenerse en los detalles de los árboles complica la posibilidad de unir los regatos que confluyen en la gran corriente del río. Ninguna vez se quedará el amanecer sin proyectos porque en la maitinada la música que se respira, se vive y se representa no derrota al esqueleto humano que aparece en el anverso de los sueños bajo la feroz amargura de la crueldad. En el primer clarear, las casillas del formulario han de cumplimentar el único alibi que nos excusa de la espantosa cimera con la que descansamos en la pobre yacija que nos protege de la opacidad de la noche. Como dice Nicanor Parra, es preciso enterrar las manos en la sombra para abarrotar de luz el momento justo al empezar el amanecer. Y ante este poema arrítmico y adocenado, el esclarecer de wólof, que no solo se habla en Senegal y Gambia, desvela a todas luces que el optimismo y la ilusión nacen cada nuevo día.
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