de esta piel
que nos abastece de algas
y de besos
desconozco el viaje
el abrazarse
en el trágico azul
pero sí sé
que ese último convoy
es también un recuerdo
un pañuelo de saly un nido de lágrimas feroces
Dedicado a las víctimas del accidente ferroviario de Santiago de Compostela. Sarco Lange
La noche infausta apareció de repente, mientras dormía de pie. Llevaba la fatalidad a cuestas equipada por la alegría del siguiente día festivo. En la penúltima comba, como si de una barra de cortina se tratase, los asientos de las berlinas se torcieron hasta enroscarse en una espiral sin mañana. Y fue entonces, cuando todo se tornó espuma de nitro en el mismo instante en que los sedimentos del interior de los vagones se encontraron con la escarpadura áspera del terreno, siendo removidos violentamente por una marejada de velocidad y energía. Después de las manos, las toallas, las mantas, las carreras, los gritos, el aturdimiento, la consternación, la intensidad y el empuje, queda ese insoportable "nido de lágrimas feroces" que se acurruca entre el esternón y la nuez que más tarde cercena el primer y último extremo de tantas memorias.
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