Consideraba sus palabras como los gamones de Homero, "el mejor alimento del hombre". Nacían en terrenos donde los juegos de palabras disfrutaban de la visión de una "máquina de transmitir ideas" capaz de transformar las ofertas en objetos resueltos y audaces. El peculiar artilugio poseía piezas contenedoras de elementos desconocidos y repelidos por todo lo que pasaba en mi vida como lectora/espectadora, sin embargo, al accionar el mecanismo la hibernación de sus ideas, vertidas en palabras, compartían el final del deshielo a la vez que se acollaraban en la recolección de un mundo no descrito, dejándome admirada. En los últimos años y de un modo muy sencillo, me acostumbré a dormir escuchando el rumor del funcionamiento de este artefacto. El sonido agudo y ligero del aparato iba asociado a tu realidad, a la que lentamente había descendido haciendo pie, pisando el suelo, primero uno y después otro hasta comenzar a caminar, parando ocasionalmente en cada uno de los escaparates que encontraba. En realidad, buscaba un "desesperado intento de fundar un hogar para el espíritu".
Tú viviste conmigo
muchos años recuerda
el año en que tuvimos
aquel magnífico tiesto
de peonías
qué contentos estábamos
los dos con ellas
pero una noche
nos las robaron
compartimos la pérdida
ninguno pudo pensar
en nada más
durante todo un día.
muchos años recuerda
el año en que tuvimos
aquel magnífico tiesto
de peonías
qué contentos estábamos
los dos con ellas
pero una noche
nos las robaron
compartimos la pérdida
ninguno pudo pensar
en nada más
durante todo un día.
Williams Carlos Williams






