"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"

"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"
S. Choabert

domingo, 13 de abril de 2014

Cambio por...


Alquiló el almacén por un tiempo prudente. No contradijo a la satisfacción de disfrutar de lo que más deseaba: aflojarse y distenderse. El ofrecimiento implicaba descuidar en el frigorífico el rigor de las desdichas, así como aceptar la ablución sin la misa y fuera del baño ritual del Mikvé. En un pañuelo de papel autorizó la acogida de la alborada para unirse al rumor del agua, a la luz desbordante que sobrepasa la velocidad máxima permitida. Y mientras, en la cuna de red para pescado de cumade, su cuerpo se dejaba arrullar por la claridad de ideas hasta esconder las ojeras desveladoras que provienen del escozor que el tacto áspero del constante de los días abandona. No se enfrentó a la ilusión del trance, de madrugada ya no sujetaría la negada ilusión, solo necesitaba ceder un alias, un receptor y unas palabras para mantener la ficción del ensueño en otras utopías.

sábado, 5 de abril de 2014

Laberinto

Ahora que los pájaros se endomingan en el aligustre y los insectos deslizan con descuido sus patas entre el barullo de la cubierta fresca sobre la epidermis renovada, la remesa de palabras chirrían entre malapropismo que alguna vez complacieron los instintos básicos. En el momento que la deformación abraza hasta irritar los ojos y "desmoronar" la nota de despedida que bebe lágrimas de carey, mi trayectoria se altera en una fracción incomprensible mientras las cosas alargan su rumbo como las nubes rolan en primavera. Aún así, continúo presionando mi ventosa contra la pared, asumiendo que la brisa que guarda la parte más cóncava de la estampa, con toda clase de gotas frías, convive con la inquietud que termina desfigurando todo mi ser. Este mal empleo a propósito se corona con el deseo de admitir copias de viejas fotografías, soportar el ruido de un mosquitono e incluso, obviar el transcendentalismo del tiempo que dura una claridad del sol llegando a guardar el mundo natural.

sábado, 22 de marzo de 2014

Burbujas


En el recorrido entre la sombra y la luz del vertedero marítimo de los recuerdos, cada una de las burbujas que completan el vagón silencioso del trayecto son puertas donde quedan incomunicadas las viejas emociones. A través del agua y el aire de las pequeñas pompas, se modela el lugar idóneo donde esconder la argamasa de la ira, el miedo y el amor que guardo. La más inquieta de todas las burbujas es una ampolla minúscula donde se propaga el afán y el deseo, con el único propósito que escoltar tus referencias e insinuaciones sin disfraz. Bajo su propia firmeza, frente a la música que hacen tus citas, toma las decisiones más oportunas totalmente independientes a las mías. Está atenta a todos tus movimientos como el halcón que no deja escapar la presa. Mientras, insuflo aire en las burbujas del disgusto, de la sorpresa o la alegría para ver como se decolora tu nombre pero el glóbulo casca con atrevimiento las demás bolsitas jabonosas hasta paralizar el líquido que atrapa el aire conmovedor. Así consigue que la agitación exclusiva de la pequeña burbuja, presionada por tu recuerdo, expanda su superficie como bombas de tiempo dispuestas a mantener el brillo de tu voz y la densidad de tu perfil.

sábado, 8 de marzo de 2014

Rancio abolengo


¿Qué llevarán las huellas de tus pies que me acercan a ti ondulando con rastro fácil, antes de que el aire borre la marca? Sucede que mis ojos se volvieron invulnerables a la menudencia de los granos de arena que retiras en cada pisada, hasta llegar a someter mi vista al color de la arenisca desagregada. Sin cesar, mis párpados corren entre pequeños temblores mientras reviso las tentativas gastadas que aún permanecen dentro del tarso, en el soplo que tus labios besan el suelo tras los pasos. Y como si diera vida, la parte horizontal del escalón sobre el que me asiento enfunda la hermosa propiedad de arrimar bultos distantes que se aproximan uno a otro por las rodadas en el carril.


sábado, 1 de marzo de 2014

Rareza


"Del yo al yo, la distancia es inmensa"

En los pequeños olvidos pasa la vida. Entre la moderada intensidad y poco apasionada de los hechos cotidianos y los inusitados acontecimientos que al colocar la carne convenientemente en el espetón suceden inusualmente, abandoné la bolsa con el bote de tabaco de liar que me pediste en el instante en que introducía la llave en la cerradura. Agitada, calada por la lluvia y soportando las prendas adheridas a la figura, corrí hacia el coche descuidando el envase de picadura en la acera. Empleé 5 minutos en hacer el recorrido y, teniendo en cuanta que llegamos a recuperar ocho recuerdos en 1 segundo, 2.400 recuerdos navegaron en paquetes compartimentados por mi mente antes de penetrar en el vehículo. ¿Qué recuerdos luminiscentes destacan sobre los demás oscureciendo las otras imágenes almacenadas? Puede que la conclusión esté en que abandoné el bote porque en este casco tallado por miles de neuronas conectadas, la luz de esa mención se escapó por las paredes mientras un operario tapia los portillos por donde deberían reflejarse los recuerdos. En esta variedad de caverna de Platón, no se aceptan ciertas aficiones excesivas y perjudiciales que se sienten como un banco de niebla gris y diseminada por la memoria que indiferentes terminan viéndose como rosas ahogadas.

lunes, 17 de febrero de 2014

Efecto de los besos


Los besos que sisé de tus cuidados ruedan constantemente de los sueños a la frente, hasta que en ocasiones se cuelan como una moneda falsa hasta el cuarto cerrado y húmedo que calla mi boca. Durante un par de días, esos besos acorralan todos los sabores en el paladar y, el regusto peregrina de un lado a otro de la pared interior de las mejillas buscando resolver por qué se espera a los besos prohibidos. Tragando continuamente, el gusto dulce se escabulle entre los demás sentidos hasta envolver el olfato, e incluso el mismo oído. Con alas prestadas, los besos viajan por toda la sensibilidad que vigila los retratos antiguos como anestesia que acoraza el mañana. Y adormecida parte de la conciencia, los besos se tiran como chinas que impactan de lleno en la memoria con la única misión de no agotar la estela que encapota la boca y la mente.

"Bebe del labio
el beso que te ofrece
como agua fresca"

domingo, 9 de febrero de 2014

Zona de paso

Katerina Sokova
Al abrir la puerta lateral de la lavandería, te vi cruzar hacia las secadoras. Dirigí mis pasos hasta converger con tus huellas y tras la fórmula de gestos cordiales, te pregunté: ¿este año celebrarás tu cumpleaños? Al responder, sentí de qué modo me salpicabas una gota de saliva cristalina en el ojo. Los minutos que aplazaron tu respuesta, difuminaron el contorno de la chispa insignificante mientras advertía como surgía una recatada molestia ocular. Como si de una criptomnesia se tratara, la originalidad de la pregunta buzoneaba en la  memoria oculta al desbocar la retentiva olvidada que guardo de esa fecha. Tu despedida me arroja: "Pensaré en ti, quizá". Frente a la puerta de una lavadora, miro el ojo y no reparo nada especial, aunque sospecho que mi vista empeora lentamente, a la vez que las pupilas se cierran en presencia de la luz que extiende las velas de aquella tarta de cumpleaños. Aquí, ya lejos, sin anticiparme al murmullo de tu sonrisa y de espaldas a la luna, alcanzo con la mirada el tiempo que aprecio desde el presente.