"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"

"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"
S. Choabert

martes, 1 de marzo de 2011

Refugio

Entre las callejuelas estrechas y a esas horas ya oscuras, proseguía la marcha iniciada penetrando dentro de los motivos,  para intuir instantáneamente la idea que le había llevado a aquella evasiva, para no concederse una oportunidad, una razón por la que sucediera. Sentir una especie de descargue eléctrica, semejante a un dolor breve y brusco como el que traspasan las lámparas, alterando el orden de los titulillos de su efigie, no reclamaría en ningún momento su amonestación, prefiriendo arrinconarla dejando de sentir afecto por ella, aquella que halló en una tienda de ocasión, de segunda mano, muy barata. Asentando sin tachar el microfilme que acuartelaba de él, agrupando a toda la tropa para evitar algún disturbio, procuraba detenerse para colisionar contra la medida tomada del grueso de su cuerpo. Asumiría que su pequeña cabeza de ratona nunca sobresaldría destacando sobre la cola de león firme y seguro, se sintió entonces,  la primera en su lugar sin importancia, en su escondrijo retirado detrás de los ladrillos, mejor que enfrente de sus marcadores siendo una más de la incautación de alijo de drogas. En tal caso, duplicando el santo y seña, él embolsó su corazón sin ella alcanzar tal empaque al conformar el envoltorio del paquete ni el descaro. Siempre lo entrañó, siendo honoris causa por tres universidades en el arte de negarse aceptar la verdad: la falsa pretensión de mostrar interés por ella. Postergó que solo sorteaba desearla mientras se esparcía, entretanto ella prorrogaría sus sueños y fantasías.

domingo, 27 de febrero de 2011

Vuelo



De pequeña se entretenía haciendo volar toda clase de volantines o cometas pequeñas, con diferentes armazones planos y ligeros, de estructura sencilla y cubiertos con plásticos que su padre le construía. El movimiento y el color de las cometas se erigían en verdaderos anuncios ventajosos que los demás entendían en la distancia, organizando la complacencia de volar, soñando con alcanzar algunas de las metas promovidas por sus deseos más inminentes. Se nutrió con aquellos sueños cazados sin pagar, a título gratuito, sin cargo y sin coste, siendo un recurso muy apto para llegar a los sueños dorados que su mente modeló al configurar los mayores anhelos, deseados con vehemencia. Con los años aquel cariño especial que se distinguía de los demás objetos y actividades, se reestructuró en la participación en varios talleres de papiroflexia y aún más allá, en el origami, arte de origen japonés del plegado de papel para obtener figuras de formas variadas. Desde el momento que inició aquel trabajo manual tuvo claro que no importaba que los aviones de papel no sobrepasaran el metro y medio de altura y recorrieran dos metros de distancia. Lo interesante era que los embalajes del avión o el papel no se dañara echándose a perder y chocaran contra cualquier objeto o persona causándole alguna molestia, destapando el trecho de la línea descrita mientras contemplaba expectante como en Cabo Cañaveral la ascensión de la nave, palpitando como una cuerda entre los extremos a los que estaba sujeta, aumentando la superficie de la ausencia absoluta a modo de una mancha que se pierde en el horizonte, al borde del agua. Y así, de a poco casi gradualmente los itinerarios sin escalas, recorrían todo el espacio aéreo.

viernes, 25 de febrero de 2011

Intercambios

Por norma desconfiaba de las buenas palabras pero desde el mes de octubre en que atendió las proposiciones de sus ideas sin sentir la necesidad de abrir el buzón de sugerencias, reinició una credulidad y seguridad que advertía cada vez que intercambiaban sonidos articulados, aún sin representar en todas las situaciones bocetos con mensajes reconocibles. Sin tener claro en qué momento apareció aquella trabazón simultánea en sus equipos informáticos, se hallaron conectados a una red central. Invirtió parte de su tiempo en aquellas conexiones de cables, consumiendo su alma en un nuevo interés que le daba vida y aliento. Como los volantes de una falda sin gracia y con un sentimiento de inquietud y un posible daño y perjuicio, guardó y cuidó parte de su privacidad, rodeada de cierto alejamiento afectivo además de una frialdad indiferente. Con el paso de las semanas, cada uno de los rasgos que caracterizaban la escritura que recibía le reconocían profundamente, mejorando el arte de cartearse con letras cada vez más claras y bien formadas, garabateando notas de agradecimiento del tipo de Vicent Connare, creador de la tipografía de Comic Sans, su fuente favorita.  De ese modo logró gozar de la confianza y el trato personal con él, reparando en el mecanismo utilizado para cambiar de vía modificando la velocidad, hasta llegar a considerarlo parte suya, sin consentir entregarselo a otra a cambio de que se lo devolviera para poder disfrutar por un tiempo. Comenzó a negarse a repartir y distribuir el pastel en beneficio de las dos. La falta de sus palabras, de sus interrogaciones, exclamaciones, onomatopeyas y demás signos, así como de su alegría, chispa y de sus amarguras y tristezas en la pantalla, contenidas en los correos que le permitían intercambiar mensajes mediante la red, se convirtió en algo difícil de soportar, haciendo lo imposible por continuar lo que había empezado.¿Quien tendría la suficiente autoridad para deliberar acerca de su culpabilidad, sentenciando lo precedente?

miércoles, 23 de febrero de 2011

Sin otra cosa

Durante la resaca blanca entre una breve interrupción de su gracia y la expresión que habitualmente los demás encontraban en su mirada, como la de un buen actor que se distingue por su viveza, la cremación de aquel sentimiento provocó su incapacidad para conmoverse deshaciendo la madera que estaba carcomida tan solo con tocarla. Convino llevando al efecto la fracción del estrago y la demolición que le correspondía haciéndose digna del castigo alcanzado, el pundonor revestido de amor propio. El truco o artificio que generó aquel amor fue efímero y perecedero, sin embargo, los errores tendían a mantenerse en el mismo estado, dando como resultado la aparición de un nuevo tono en sus sienes plateadas, obstinadas y adheridas como una mancha tenaz, germinando con cierta conmoción y asombro, mientras andaba tranquilamente por la reciente decoloración de la piel. Entre el cabello sedoso, destacaban invencibles y siempre victoriosos, los mechones entrecanos formando el oráculo en  la conjetura de sus recuerdos: siquiera sonreía cuando ella le miraba, pero nunca le miró solo ella creyó verlo; bien que intuyó sus guiños como mensajes disimulados pero tal insinuación no existió, solo ella estimó esa corazonada; ni tan solo se dirigió a ella para atribuirle su parte del delito, él jamás le imputó el robo, únicamente ella le acusó.

domingo, 20 de febrero de 2011

Desprovista de aguijón


Masticaba los alimentos con mucha parsimonia, la excesiva lentitud manifestaba la frialdad de su ánimo. Cenaron sin encender las velas, ese inaudito detalle importunaba aquel momento especial y único desdeñando la trascendencia que él consideraba que tendría en aquella relación. El resto de los elementos de la mesa estaban en perfectas condiciones: servilletas de tela, cristalería reluciente, mantel planchado, con un bajo plato, los cubiertos colocados en orden de salida, ella merecía todos los honores. En ocasiones los sueños promueven viajes que inician un estado de alucinación como el que produce un narcótico, llegando a playas solitarias y paisajes de avión hacía la consecución y disfrute de un capricho. Pero otras veces, pierden el rumbo se desorientan, conteniendo el mismo fondo de pantalla para todos los momentos, con idéntico semblante, un jersey de alpaca que parodia el anhelo, una camisa blanca enloquecida por el ligamento. Desde donde estaba sentada podía ver la calle, el tráfico y los peatones mientras circulaban y caminaban por las aceras lamentando las ideas que requebraban su imaginación. En ese instante, mientras reflexionaba el cielo comenzó a tornarse rojo como el fuego, resplandeciendo con una luz más intesa entre nubes ensortijadas. Siempre concibió por meras apariencias y sin fundamento, que la madurez iba asociada a una cierta resistencia y privilegio que eximían de visibles penas y cargos, carente de toda tentación y por ende, de una invulnerabilidad extraordinaria, má allá del bien y del mal según Nietzsche. Pero pensar que su madurez era invulnerable equivalía a expresar que alguien no puede hacerse daño con una sierra eléctrica simplemente porque era madura. Y sin deslucir los sonidos junto con los términos, mudando el sentido y concepto que representaban las promesas y la oratoria de la razón, contra la fuerza de su voluntad y de los clamores que rugían en su cacumen, su boca se transfiguró en légamo, arrastrando su ilusión por el fango, desprendiendose de la pulcritud que llenaba su ansia.

jueves, 17 de febrero de 2011

Ineducada





Aprendiendo a columpiarme encontré estas ideas que por su elasticidad y porosidad se pueden aprovechar haciendo que tomen consistencia tal como esponjar un pastel. Todos los huecos y orificios que presenta la masa horneada con harina y levadura entre los ingredientes principales, para adquirir esa textura esponjosa, hinchada y mullida, evitando su apelmazamiento, requiere que la tahona o en su defecto, el horno esté bien caliente y que no se abra en los primeros 20 minutos. Y así se consigue un sobroso pastel que en su cumpleaños no disfrutó, por tanto estaba obligado a hacer algo para compensar las ausencias, sin indulgencia de no aparecer, señalando con claridad para que se expongan sus labios hambrientos, el aroma a jabón barato y la cama del tamaño requerido para esa ocasión. Puso un precio a los afectos colocando su mano entre los muslos teniendo inmediatamente noticias del lienzo corpóreo que se extendía en el altar, situando la hostia y el cáliz. Y a pesar de la falta de ambiciones, así se veía calata frente a él rozando y tocando su cuerpo, acariciando su espalda, pellizcando pequeñas porciones de su piel para comprobar que era real no otra más de las muchas imágenes sugeridas por los sentidos que carecía de verdadera objetividad. Así comenzó a des-educarse, a pervertir y malcriar sus escasos conocimientos y a torcer el adiestramiento personal.

martes, 15 de febrero de 2011

Latido del corazón

Y allí estaba, como un muñeco inmóvil al que se le acaba la cuerda, con la distancia justa a la que llegaban sus brazos a la cadera, al arbitrio del ágata de color amarillento que custodiaba el ojo del huracán convertida en la parte central de la historia de su peinado, que el viento se encargó de revolver y agitar sin pasar y mantener la vida. Desde pequeña aprendió a poner caras cómicas y divertidas justamente en el instante en que se oprimía el obturador, sintiendo la química del destello mediante el flash provocando una boca sonriente, unos ojos bondadosos, para que el intelecto, fotógrafo de la ideas, completara poco a poco su colección personal, el álbum individual que nunca se ocupa totalmente. En aquella fotografía se servía de nuevo algo rutinario, sin reflexionar ofreciendo una visión que en ningún momento de su vida volvería a existir, fijando la realidad de ese instante que el paso del tiempo no lograría transformar. Delgada, sutil, retraída, llena de ilusiones y con todo el tiempo por llegar, preparándose para el futuro, la fotografía capturaba su vida, desde su silencio, su particularidad y diferencia hasta seguir con sus lunares esparcidos por los montoncitos de carne, en el brazo izquierdo, en la pierna derecha, la cicatriz en su mano izquierda. Con diecisiete años terminando el curso, la imagen bizarra nacía real y directa como reflejada de un espejo, unificaba su espontaneidad y movimiento con la posición estática y permanente del puente romano que se contemplaba al fondo. En el vórtice de personas que cruzaban de un lugar a otro, la reproducción de su figura se mantuvo inalterada y en aquella línea divisoria se detuvo, parándose a considerar la envoltura que la cubría considerándo la excesiva pequeñez. Así fue como cesó aquella etapa de su vida. Cautivada por su nuevo revestimiento, intentó captar la fascinación y el espectáculo de lo que se encontraba a su paso.