"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"

"¿Quién no habla de un asunto muy importante, muriendo de costumbre y llorando de oído?"
S. Choabert

sábado, 26 de enero de 2013

Concordancia


Al mirar por el espejo retrovisor y observar la imagen, registre entre mis archivos, más documentos sobre el mismo asunto afianzando la sospecha: secreteabas cuchicheando a mis espaldas. En ese momento no supe por qué tu pensabas que somos tan distintos, cuando a los dos nos une un pasado modesto y sencillo, un presente dedicado a la preparación y dedicación  de aquellas personas que lo precisan. Tan solo la actitud hacia la creencia en los demás y su compromiso, nos distingue y distancia. Al iniciar el trayecto conjunto, pisé el confetti envenenado que arrojaste en tus primeros encuentros y ante mi comentario: "es muy importante demostrar una buena actitud" sentenciaste a muerte la cordialidad entre compañeros. Tan solo llego a confirmar que si la herida a tu amor propio fue tan profunda se debió a una sola razón: entendiste que desenmascaré tus verdaderos propósitos, despreciar y aplastar a quien fuera necesario con la condición de conseguir tus finalidades. Ahora todo tu sueño se ha cumplido: ocupas un cargo y tu transformación es todo un hecho que asusta y produce cierto desazón en el estómago.

Un hombre que está llorando 
con la risa que aprendió. 
¿Quién será, quién no será? 
                                                   —Yo.

Nicolás Guillén

miércoles, 23 de enero de 2013

Piel del oso


Madona, Edvard Much
Una vez que descartó la posibilidad de desollar al viejo oso que llevaba tiempo escuchando hablar en ese idioma ininteligible, constató de qué modo el plantígrado conseguía apagar el fuego con sus patas en cada murmuración dental, en el momento que sus espectadores bajaban del coche para hacerle una foto. En el núcleo del desuello, midió las palabras mientras descuidaba el peso muerto del animal y pensó: "no me defiendas ante las demás imágenes y figuraciones de tus simulacros; deja de concebirme como una fórmula magistral por prescripción facultativa; tus oídos están llenos de ese tósigo que te atruena; tira tu casa por mi ventana y afloja la presión de tus recuerdos; no me aprietes como a un tapón; deja de abichar cada uno de los gajos de mi pensamiento pomelo; no me consumas de tristeza abandonada en aquel lugar; embolsate mis colmillos argentíferos pero no te encojas ante su peso; no hagas pedazos con las sábanas entretanto escuchas el violín de Nerón en el instante que los cristales cauterizan los tejidos blandos en frío, impidiendo que la herida cierre en el olvido del hueco de mi piel seca".

jueves, 17 de enero de 2013

Números

Una vida en números
En una caja de zapatos reciclada que la abuela arregló, adornando a su gusto, encontré una tarjeta con los números de la suerte del abuelo. Como un compás de tres por cuatro, el vals de los números rodaba entre los dedos del abuelo cada vez que lo desconocido abría su imaginación y a mata caballo, se apoyaba en una escuadra donde recrear los guarismos de su vida. Desde las cabriolas que salían de sus manos, el dos y el cero árabe por excelencia, inauguraron con toda su ilusión la mayoría de edad, asomando del rincón oculto, la granazón de conocer a su futura mujer. El tres y el uno llenaron de fertilidad y aliento los pequeños cuartos de la  estrecha vivienda que adquirieron en la gran ciudad a la que ambos emigraron, adentrándose en una ciudadela en la que refugiarse. Con el tres y el siete, el armonioso ritmo laboral se convirtió en una manera de vivir  logrando abrir su propia carpintería, pero como expuso Aristóteles: La historia cuenta lo que sucedió, la poesía lo que debía suceder. Por ese motivo, el abuelo nunca divisó como el sol descendía al igual que tampoco se bendijo para invocar la protección divina, tan solo decidió guardar en su cartera los números que le acompañaron en su "jardín antiguo".

lunes, 14 de enero de 2013

Escribir algo peor

Pedro Cano

Aún cuando la página está fría, comienzo a escribir bajo el calor del flexo que proporciona esta bombilla incandescente. Considero posibles paños calientes para remediar la apatía de mis palabras ante la eventualidad de nadar en aguas a menos de 26 grados. Y como el líquido que rezuma por las cañerías, las  almohadillas de las letras oleaginosas engrasan el papel en blanco hasta consagrar por mi parte, el arranque en frío por medio de la chispa eléctrica encendida en tu nombre. Necesito filtrar las palabras de las antiguas notas para limpiarlas del residuo de tu herencia y recobrar tu nombre incontable. Pasear de nuevo por la necrópolis ojeando las fotografías, los comentarios que implicaron seísmo y punto muerto que por la inercia de tus labios buscaba una pequeña caída. Escribirte sin algo que decir, tan solo sabiendo la certeza de que en la página quedan muchas palabras omitidas, conociendo lo que más echo de menos y nunca tendré de ti: una carta de verdad.

Repetir cosas ya dichas y hacer creer a las gentes que las leen por primera vez. En esto consiste el arte de escribir.

Odysseus Elytis

        Desnudo mi pecho  *  y se sueltan los vientos
            Y ruinas arrasan  *  y arruinadas almas
 Y de sus densas nubes  *  purifican la tierra
 Para que se muestren   * los Prados Deleitosos!


miércoles, 9 de enero de 2013

Vivir el presente


El Juez de Vigilancia Penitenciaria aprobó una salida terapéutica de 30 días, un mes de vacaciones de la cárcel. Desde hacía tiempo vivía más pendiente del presente, dejando a un lado la nostalgia hasta menospreciar el futuro. No era necesario que el control policial observara atentamente su comportamiento, en ese ínterin ella se desplazaba por el pueblo libremente. Durante aquellos días paseó sola por las calles mientras sonreía sin  tregua o bien se sentaba en cualquier banco con su tablet apagada, tecleando insistentemente. Autoconvencida de su mayor obsesión: los demás la espiaban, grababan sus conversaciones, intentaban manipularla, encontró momentos de recreo que puso en franquía huyendo de las voces que no podía controlar. El objetivo que se había fijado trataba de alcanzar la reacción de su cuerpo ante el sufrimiento intenso hasta iniciar un control progresivo de su respiración, observar como caminaba, comprobar el movimiento de sus manos y estremecimiento que su cuerpo soportaba. Llevaba varios años acometiendo el pequeño aleccionamiento de su terapeuta: utilizar la atención plena con los que descubrir los estímulos de la autoconciencia, alcanzando un simple estar hasta convencerse de que no pasa nada en particular.

jueves, 3 de enero de 2013

Miedo al vacío

Zú Sánchez

Con las coderas humedecidas por la neblina, observo a las garcillas bueyeras iluminar el puente como lunares de noctilucas que fulgen sobre el embarcadero. Fijadas perfectamente a las maderas del muelle anclado al río, aparentan un resplandor petrificado de la eterna condición de un período de tiempo sin cruzar. Las aventureras y hambrientas trenzan sus alas por encima de las tablas del embarcadero intentando localizar algo contra los incendios de sus buches, vacíos de alimentos que digerir lentamente. Solo una pareja, con vuelo de halcón, se arriesga a averiguar que hay más allá de la niebla. Y mientras, por mi pelo resbala el rocío a la vez que amo los pájaros de mi vida de forma intermitente bajo los efectos coloristas que culebrean entre mis piernas. En ese horror vacui me cargo de sanciones al tiempo que amanso las pasiones para consumar el desquite y la reconciliación con los que favorecer la transformación. A poca distancia del agua, fluye el deseo de otro horizonte que incite nuevos sentimientos de finura visto desde el lugar más remoto de la frescura imaginaria.